
La otra hija le preguntó de nuevo la misma pregunta que su hermana,pero él no las escuchaba.Hablaba de otros tiempos,de cuando él estaba en la policía,y todo lo que hablaba era respondido por él mismo.
La madre asintió con la cabeza mientras tanto a las niñas,para que empezaran a comer,al tiempo, el padre se pegaba un buen trago de su Rioja favorito: un Faustino I. Nadie mas que él hablaba en la mesa.
Después de tomar otro buen sorbo,se le quedó bastante sucio el bigote y la mujer se dispuso a limpiárselo con su servilleta.
-Déjame coño!! que estoy hablando.Siempre con tus manías...y vosotras dos,sentaros bien que parecéis dos jirafas atontadas.-El mismo se reía de su gracia.
Las hijas seguían comiendo y mirando sus platos.

El policía retirado lo vio y en voz mas alta de lo que ya estaba hablando, exclamó:
-Y encima dejan ya entrar a cualquiera en un restaurante decente,si no te digo yo...-Y prosiguió dirigiéndose al camarero:
-Anda Esteban,ponle un vino de esos baratos que tendrás por ahí y que se vaya pronto ese señor,que me ponen enfermo los pedigüeños estos,y no te preocupes que lo pago yo.
Las niñas hacían como si miraran al plato al comer,pero estaban mirando de reojo al "pedigüeño".
El prosiguió con su monólogo en su mesa y bajando un poco el tono de voz dijo:
-Al hombre se le nota su clase por el buen vino que bebe.Cuando te vale cualquiera tienes tu vida arruinada.-

Se tomó la tapa y tras dar un sorbo de vino dejó la copa y pidió un vaso de agua.
Antes de marcharse, se dirigió al policía,le agradeció la invitación y le dijo que le preguntara a Esteban con qué vino rellenaban las botellas de Faustino I,porque ese vino estaba muy lejos de ser un Rioja...y se marchó.
El policía quedó sin saber que decir y enseguida empezó a decir mas de lo mismo que estaba diciendo.
La mujer cansada de tanto renegueo le dijo a su marido que ese andrajoso pedigüeño fue profesor de piano de su hija Marta y de su hija Raquel antes de que él las sacara del conservatorio,hacía ya dos años.